Mi madre es tierna igual que el alba.
Por
ella supe yo del cielo,
de
la belleza de las cosas,
del
tibio sitio del ensueño
y
de la luz de la esperanza.
En
su regazo siempre tierno
yo
conocí la dulcedumbre
y
el agua pura del consuelo.
(Ella
me dio desde un principio
la
miel del canto, sin saberlo).
Como
si oyera un piano lejos
rememoro
mi infancia ida
y
a mi adorada madre veo
como
el lirio al borde del agua
detenida
al pie de mi sueño.
En
la niebla de lo pasado
se
me diluyen los recuerdos:
Sólo
me queda de la infancia
su
imagen, fuente de mis versos.
Yo
la veo venir de lejos
desde
el principio de mi vida:
Desvelada
junto a mi lecho
con
su aureola de ternura
rodeándome
de silencio.
La
imagino sola a mi lado
siguiendo
el ritmo de mi aliento
como
se escucha un dulce canto
que
tiembla apenas en el viento.
Aún
escucho sus arrullos
y
oigo el murmullo de sus cuentos
dichos
con voz lejana,
como
si descendiera de los cielos.
Poema escrito por:
Intérprete: Isabel Gonzales
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