domingo, 8 de marzo de 2015

MUJER





Se rompió el molde que enmarca su grandeza
y en sus ojos, sutil el sentimiento,
emana luz en días de tristeza,
y esculpe espadas cuando acechan los lamentos.

Suenan campanas cuando leve se desliza
y rompe en llanto si la abraza la alborada,
saca esperanzas, aun de la ceniza,
y envuelta en risas se sabe enamorada.

Es la fiera que te deja sometido,
o un relámpago de ritos y de mimos,
con sus palabras te deja dimitido,
y en clandestinos besos induce grandes sismos.

Es la mujer , en pretérito y futuro,
el cursor del viento en primavera,
la que leal, amorosa o como un muro,
teje semillas y depura del alma las quimeras.




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viernes, 6 de marzo de 2015

ÑIÑA








Toda mi angustia tuvo la forma de un zapato.
De un zapatito roto, opaco, desclavado.
El patio de la escuela... Apenas tercer grado...
Qué largo fue el recreo, el más largo el año.
Yo sentía vergüenza de mostrar mi pobreza.
Hubiera preferido tener rotas las piernas
y entero mi calzado. Y allí contra una puerta
recostada, mirando, me invadía el cansancio
de ver cómo corrían los otros por el patio.
Zapatos con cordones, zapatos con tirillas,
todos zapatos sanos. Me sentía en pecado,
vencida y diminuta, mi corazón sangrando...
Si supieran los hombres cuánto a los diez años
puede sufrir un niño por no tener zapatos...
Qué anticipo de angustia. Todavía perdura
doliéndome el pasado. El patio de la escuela
y aquel recreo largo...
Mi piececito trémulo, miedoso, acurrucado.
Mi infancia entristecida, mi mundo derrumbado.
Un pájaro sin alas, tendido al pie de un árbol.
La pobreza no tiene perdón a los diez años.


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miércoles, 4 de marzo de 2015

MI MADRE











Mi madre es tierna igual que el alba.

Por ella supe yo del cielo,
de la belleza de las cosas,
del tibio sitio del ensueño
y de la luz de la esperanza.

En su regazo siempre tierno
yo conocí la dulcedumbre
y el agua pura del consuelo.

(Ella me dio desde un principio
la miel del canto, sin saberlo).

Como si oyera un piano lejos
rememoro mi infancia ida
y a mi adorada madre veo
como el lirio al borde del agua
detenida al pie de mi sueño.

En la niebla de lo pasado
se me diluyen los recuerdos:
Sólo me queda de la infancia
su imagen, fuente de mis versos.

Yo la veo venir de lejos
desde el principio de mi vida:

Desvelada junto a mi lecho
con su aureola de ternura
rodeándome de silencio.

La imagino sola a mi lado
siguiendo el ritmo de mi aliento
como se escucha un dulce canto
que tiembla apenas en el viento.

Aún escucho sus arrullos
y oigo el murmullo de sus cuentos
dichos con voz lejana,
como si descendiera de los cielos.


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Intérprete: Isabel Gonzales


DONES



















Dones
Mi padre fue muy bueno: me donó su alegría
ingenua; su ironía
amable: su risueño y apacible candor.
¡Gran ofrenda la suya! Pero tú, madre mía,
tú me hiciste el regalo de tu suave dolor.

Tú pusiste en mi alma la enfermiza ternura,
el anhelo nervioso e incansable de amar;
las recónditas ansias de creer; la dulzura
de sentir la belleza de la vida, y soñar.

Del ósculo fecundo que se dieron dos seres
-el gozoso y el triste- en una hora de amor,
nació mi alma inarmónica; pero tú, madre, eres
quien me ha dado el secreto de la paz interior.

A merced de los vientos, como una barca rota
va, doliente, el espíritu; desesperado, no.
La placidez alegre poco a poco se agota;
mas sobre la sonrisa que me dio el padre, brota
de mis ojos la lágrima que la madre me dio.








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